Domingo 27, octubre, 2013

Excelentes Críticas para “Urgencia”

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Fotografía Norberto Gutierrez

Crítica de Rossana Torres para EL PAIS  (La Semana por Delante)

Un sueño con humor negro en el escenario El título del espectáculo Urgencia no responde a las necesidades del teatro de urgencia, que tanto defendió Alberti y otros teatreros comprometidos con unos tiempos convulsos que les tocó vivir y con su idea de que el teatro podía ser un arma, y poderosa, para alertar sobre lo que estaba pasando. Aunque si se piensa detenidamente, el objetivo de este montaje contemporáneo de Teatro Atómico podía tener similares objetivos. De hecho, esta pieza (jueves y viernes hasta el 26 de julio en la Sala Triángulo, de Lavapiés) habla de las carencias que sufren a diario ocho personajes que coinciden en la sala de urgencias de un hospital un tanto atrabiliario. Ellos quieren solucionar unas curiosas neurosis que padecen por ser hijos de los tiempos que vivimos, en los que nada está claro y nadie está seguro de nada. Esa sala de espera es para estos seres frágiles, indefensos, vulnerables y raritos una suerte de útero en el que refugiarse, cuando todo a su alrededor es hostil… El resultado es una interesante comedia negra, marcada por el humor negro, que nos muestra unas vidas negras…, pero llena de teatro por los cuatro costados. Un espectáculo lleno de ingenio, que en algunos momentos parece un absurdo sueño, quizá pesadilla, que ha dirigido Iván Rojas con un reparto de buenos actores, algunos sobresalientes, en el que no falta una violinista y una cantante lírica.— ROSANA TORRES

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Fotografía: Norberto Gutiérrez

Crítica Miguel gabaldón para NOTODO

Urgencia es un montaje de personajes extremos y una atmósfera enrarecida, casi lynchiana. Los cinco personajes coinciden en la sala de espera de este peculiar hospital regentado por las tres glaciales enfermeras. Tres maestras de ceremonias de una particular y oscura celebración, que bien podrían ser tres Parcas de blancas vestimentas tejiendo y destejiendo el hilo del destino de aquellos que caen por sus oníricos territorios. No se puede contar mucho más, ya que tampoco nos encontramos ante un espectáculo narrativo al uso, sino que convergen múltiples disciplinas para enriquecer visual y poéticamente la propuesta, ofreciendo un espectáculo tremendamente sugerente y que, sin duda, merece la pena. Pocos elementos pero bien dispuestos conforman la escenografía, acompañada por un fantástico vestuario y unos interesantes y muy pensados diseños de sonido e iluminación.Iván Rojas y la compañía consiguen una experiencia profundamente estética, perturbadora y poética, sobre la experiencia humana como representación, el dolor (propio y ajeno), el dominio y la sumisión, las carencias afectivas en definitiva, y un largo etcétera de múltiples elementos más que cada espectador debe descubrir después de la intervención. Los actores desgranan sus interpretaciones con una precisión de cirujanos, cortando y cortando hasta hacer sangrar. Consiguen además defender perfectamente, con un espléndido trabajo corporal, las coreografías (sencillas pero tremendamente efectivas) que jalonan la propuesta. Es un elenco compacto que realiza una impresionante labor con estos personajes tan extremos, metáforas y símbolos de necesidades de una sociedad a la espera de atención. Una operación a corazón abierto en el terreno de lo onírico. Experiencia original y muy recomendable para los amantes de espectáculos diferentes y arriesgados. En la que la que el delirio se confunde con la realidad y la desorientación se entremezcla con la fascinación. “Y ahora, ¿qué?” “Ahora, el desenlace”. Y, tras una hora especial y turbadora, de risas incómodas y potentes imágenes (y después de un monólogo que deja huella y cicatriz) llega el fin: “La función termina ya”.

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Fotografía: Norberto Gutiérrez

Crítica de Daniel González Gómez-Acebo

Urgencia, del Teatro Atómico, es una obra incómoda, grotesca, con una cuidada estética y algunas interpretaciones memorables, y también es, sobre todo, una propuesta escénica necesaria. Esta mezcla de violencia y velocidad, de inestabilidad y desorden, afecta en esta obra tanto a nuestras almas contemporáneas como a nuestras mentes. Y eso es lo que se le puede exigir al lenguaje teatral actual: riesgo y angustia, preguntas simbólicas al erial afectivo que nos rodea, necesarias para comprender el panorama nefasto en el que vivimos en este siglo XXI. Nos cuenta la filósofa francesa Thérèse Delpech en su libro El retorno a la barbarie en el siglo XXI(Editorial El Ateneo. Buenos Aires, 2005) que “el creciente desfase entre el hombre y la historia comporta un riesgo del tipo ontológico: pone en peligro la relación que liga la conciencia humana con el tiempo. El anclaje en el pasado, la transmisión de valores, la continuidad de las generaciones, lo que une a los hombres, todo eso está amenazado por la inmediatez en la que vivimos y por el caos circundante. La impaciencia del presente y la falta de vitalidad del pasado transforman el tiempo en un agente de agitación y angustia, más aún cuando las metamorfosis introducidas por las revoluciones tecnológicas adquieren un ritmo demasiado veloz para que la mente humana pueda seguirlo. En consecuencia, el hombre queda reducido a un mero espectador, que no espera nada de la historia, salvo durar”. ´ Ése espíritu propio del siglo XXI es el que se retrata precisamente en Urgencia, del Teatro Atómico. Y por eso es tan necesaria una evaluación atenta y detenida a los mensajes que sobrevuelan su puesta en escena: Siete personajes se encuentran en la sala de urgencias de un hospital y se retratan uno a uno en sus miserias y detalles; son polizones en busca de cariño, carentes de afecto, que deambulan por el escenario tratando de definirse en el diálogo/reflejo con el otro. Pero no nos engañemos,
estamos ante un diálogo de sordos. Todos están enfermos, se buscan, se besan desesperadamente; beben para olvidar, pero no tienen claro qué es lo que deben eliminar; buscan el contacto y, a la vez, necesitan la distancia, la separación; necesitan engañar o violentar al otro como para sentirse vivos… aunque en el fondo, no existe ningún cambio profundo en ninguno de ellos. Son problemas humanos irresueltos e incómodamente cercanos, familiares. Sin embargo, al ser una propuesta escénica arriesgada pues tiene sus problemas. El primero y más notorio es el texto, irregular, con altibajos. Según cuentan el drama original de Urgencia es de Alejandro Moreno y la adaptación pertenece al también director de la obra, Iván Rojas. Los personajes están creados con mimo, sí, con una estética muy, muy cuidada, pero algunos realmente sobran (como el de la cantante, por ejemplo). Impresiona la labor interpretativa, actoral, de José Escribano, Silvia Gómez y Borja Maestre, que bordan sus papeles. Los demás funcionan, sí, pero a un nivel algo menor, algo más distante. La puesta en escena, por otro lado, es coherente con la obra y la dirección. Apuesta en todo momento por la estética contemporánea, con golpes de efecto continuos y de alejamiento con tintes brechtianos a un lenguaje convencional. Este tipo de puestas, muy de moda en América Latina, alejan para acercar los temas, y lo consiguen muy convincentemente. Sin embargo, hay algunos lugares comunes que ya me están comenzando a cansar, como el de cantar o bailar en directo para hacer transiciones entre escenas y aligerar la carga dramática/cómica de la obra. Luego de verlas muchas veces el efecto es cargoso y redundante. Es de agradecer, sin embargo, la clara apuesta por el riesgo de Iván Rojas y el Teatro Atómico. Con poco donde rascar, dramatúrgicamente hablando, saca un tesoro inconmensurable. Y eso, claramente, es porque demuestra mucho oficio, solvencia y compromiso con sus compañeros y, sobretodo, con el público y el tiempo que le ha tocado vivir. Por suerte, y según veo en mis investigaciones, la obra continuará en temporada en la sala Triángulo a partir del 13 de junio. No duden en ir a verla.

 

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Fotografía: Norberto Gutiérrez

Crítica de J.P.L Domínguez para Guía del Ocio

Alguien me dice “vé a la Triángulo, que hay una cosa curiosa de género indefinible”, y yo, pronto y bien mandado, me planto en la Triángulo. Y me topo por primera vez con la compañía Teatro Atómico. Resulta que han dado bastante guerra. Se trabajan mucho todo lo referente a la imagen: fotos,web, vídeo promocional de esta función… Son chilenos, y parece que se mueven entre Chile y España. El fundador, Iván Rojas, dirige Urgencia, una adaptación deSala de urgencias, del también chileno Alejandro Moreno Jashés. Encuentro un texto con ese título, evidentemente emparentado con el que se representa en la Triángulo, pero más breve y con notables diferencias. No sé si lo que he visto es otra versión del propio autor o si la adaptación de Rojas es prácticamente una reescritura. En cualquier caso, tiene su gracia. Son retales de historias que giran en torno al núcleo de la sala de espera en las urgencias de un hospital. Situaciones disparatadas contadas con diálogos más o menos realistas. Un poco en la línea de Spregelburd o Despeyroux, recientemente vistos en Madrid. Debe de ser cosa del Cono Sur.
Más interesante el enfoque de la puesta de escena: los diálogos interpretados con mayor o menor realismo -deslizante hacia la farsa- se enmarcan en transiciones propias del teatro de vanguardia o la performance. Hay un poco de todo. Desde un rewind (lo hacen también en Hermanas) o un par de fragmentos que podríamos llamar danza (también en Hermanas, que tiene bien integrados elementos extrañísimos en una pieza de teatro comercial), hasta un monólogo de la enfermera coreado por el resto de intérpretes o, al final, un monólogo de corte más convencional. Música, cantada o de violín, integrada en algunas escenas. Visualmente interesante, con la habitual elegancia de Juan Domínguez en la escenografía y el vestuario. Muy bien vestidas las enfermeras, la mujer embarazada, el hombre del pájaro, la madre. Brillante la idea del vientre embarazado que se disuelve en una masa de plumas negras. Sospecho que bien iluminada por alguien. Bien también el espacio sonoro de Sergio Urcelay. Con algún altibajo, bien interpretada. Me gustaron Asier Iturriaga, Silvia Gómez y, sobre todo, Romina Guida: mucho carácter,muchapresencia,excelentedicción. En fin, una pieza situada entre el teatro y la performance. Con más narración que una performance y con más heterogeneidad de elementos que el teatro. Ya sé que estas etiquetas van quedando un poco antiguas, pero de alguna manera tengo que explicárselo. Un artefacto de estas características se sostiene dramatúrgicamente sobre un equilibrio muy sutil. Los distintos elementos se aguantan unos a otros como en la gravitación de los cuerpos celestes, o como en los famosos checks and balances de la democracia estadounidense. El monólogo final es una arriesgada ruptura con el tono de todo lo anterior, pero termina funcionando.